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Si eres padre o docente sabes que la educación es un elemento fundamental para el desarrollo de los niños. Conoces la educación tradicional, sabes donde falla y buscas alternativas. Pero todo lo alternativo da inseguridad porque hay diferencia de opiniones y es difícil discernir lo verdadero de lo falso.

Sobre el método Montessori se dice que no es serio porque los niños van allí a hacer lo que les da la gana, que está muy bien para divertirse pero no les prepara para la escuela ni les da los conocimientos necesarios, que desarrolla la creatividad pero olvida otros elementos, que es demasiado “hippy”.

Mitos y verdades sobre el método Montessori

Es importante destacar que todos estos rumores proceden de un desconocimiento o mala aplicación del método.

Para empezar, la metodología Montessori es de las alternativas educativas con más antigüedad y experiencia en todo el mundo. La persona que lo diseñó hace más de un siglo, María Montessori, fue la primera mujer  licenciada en medicina en Italia, pero no se quedó ahí, realizó estudios de psicología experimental y se doctoró en filosofía.

A partir de la observación de menores con presuntas discapacidades, observó que tenían potencialidades que no se habían desarrollado de forma adecuada. Por ello trabajó con niños que se habían dado por perdidos mediante el método científico (observación, experimentación, análisis, reflexión,  nueva observación) y obtuvo resultados asombrosos, puesto que los niños “retrasados” y “conflictivos” no sólo consiguieron aprender a leer y escribir antes que los niños “normales” sino que también aprendieron a ser respetuosos y asertivos. De manera que Montessori siguió investigando y desarrolló toda una pedagogía científica que abarca todas las necesidades de aprendizaje de los niños.

“Los 7 pasos para educar niños felices en las aulas y

cómo una buena formación es clave para el éxito”

Y ¿cómo lo hace?

A través de la observación científica María Montessori descubrió que hay períodos en que los niños aprenden ciertos aspectos de manera muy rápida y definitiva. Son períodos que aparecen y se van. Si se enseña en esa etapa aquello en lo que el niño está interesado se fija para siempre, si no, se podrá enseñar pero con mucha más dificultad; es lo que ella llamó los períodos sensitivos.

Otra aportación importante fue la constatación de que los niños no sólo aprenden lo que se les enseña, sino que absorben todo lo que hay en el ambiente, o según su terminología, tienen una mente absorbente. Por eso los docentes Montessori tienen que ser personas muy preparadas en todos los ámbitos. Necesitan una formación especializada para conocer todos los aspectos de este método pedagógico complejo y, además, tienen que tener equilibrio personal, puesto que saben que se lo van a transmitir a sus “alumnos”.

¿Cómo cambia el concepto de estudiante?

El niño deja de ser un recipiente vacío que hay que llenar. Montessori bebió de las fuentes de innovadores educativos como Piaget que cambiaron para siempre la forma de ver la educación. Los niños son personas (en formación, pero personas) con intereses y deseos. Si se tienen en cuenta, el aprendizaje se convierte en un modelado entre la personalidad y las influencias que la rodean. Es por ello por lo que los niños tienen “libertad” para moverse en el aula, y también se entrecomilla libertad porque no significa que puedan hacer lo que quieran.

La escuela Montessori establece rutinas muy fijadas que todos los niños tienen que seguir, lo que ocurre es que dentro del aula trabajan con materiales especialmente diseñados para el aprendizaje significativo según el periodo sensible en el que se encuentren. No obstante, si un niño sólo quiere trabajar un área (lenguaje, matemáticas, vida práctica, geografía y ciencia o área sensorial), ahí entra la labor del/la guía Montessori, que despierta el interés por otras áreas hasta que al final se cubre (y en la mayoría de los casos se supera) todo el currículo que el alumno debe cumplir. La diferencia es que el niño ama esos conocimientos porque los ha adquirido por sí mismo y se ha divertido haciéndolo, se ha superado, ha aumentado su autoestima, se ha relacionado con otros que le han ayudado o a los que ha ayudado y tiene una mentalidad crítica y constructiva.

Una Metodología que educa para la Paz

Además, Montessori vivió tres guerras y pasó gran parte de su vida exiliada por sus ideas educativas innovadoras (pasó una etapa en Barcelona antes de que tuviera que huir debido a la guerra civil), por ello estaba especialmente interesada en la Educación para la Paz. En su investigación con los niños llegó a la conclusión de que la única manera de conseguir un futuro de paz era inculcando a los niños los valores necesarios para saber resolver conflictos de manera no violenta.

Es por eso que el método Montessori enseña mucho más que a leer, escribir, sumar o restar (aunque no lo deja de lado), en las escuelas Montessori los niños aprenden a hablar y a resolver solos sus disputas. También aprenden a respetarse entre sí, a respetar al medio ambiente y a los adultos. No existe el castigo y la recompensa pero aprenden a obedecer órdenes y tienen consecuencias cuando no se comportan correctamente, con la diferencia de que se les explica el por qué, de manera que aprenden a ser más responsables.

En definitiva, el método Montessori es un método pedagógico científico muy riguroso que pone al niño en el centro de su propio proceso de aprendizaje y que le prepara de forma íntegra para la vida, con todo lo que ello significa.

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